Enfermedades parasitarias más comunes

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Producidas por Protozoos-Externos:

Chilodonella

Se trata de una enfermedad más común de lo que la gente cree, y esta provocada por un pequeño protozoo ciliado, de aspecto similar al Ichthyophthirius, de entre 60 y 40µ de largo, con forma de “patata”, recubierto de cilios que son los responsables de su movilidad, y que afecta a peces dulciacuícolas. Nos enfrentamos a un parásito potencialmente peligroso por varios motivos, primero por que es activo en un amplísimo rango de temperaturas, segundo porque es de difícil visualización y después, por que a bajas temperaturas, que es cuando nuestros peces tropicales están mas desprotegidos, se vuelve terriblemente activo y letal, llegando a producir, si no actuamos con premura, numerosas bajas. A nivel doméstico si bien es cierto que se trata de una enfermedad rara, que solo suele aparecer como oportunista ante heridas abiertas o mucosas dañadas, o en acuarios muy abandonados y con una dudosa salubridad, a nivel comercial, en especial en importaciones directas de otros continentes, con muchas horas de viaje, baja tasa de O2 y metabolismos bajo mínimos, se trata de una afección común, pocas veces identificada, pues su pequeño tamaño, difícil visualización y desconocimiento la hace extremadamente complicada de diagnosticar en las primeras y decisivas fases, y suele generar numerosas bajas antes incluso de que los peces se aclimaten. Los síntomas de la enfermedad son múltiples y muchos de ellos afines a otros tipos de parasitosis. El parásito es capaz de permanecer latente dentro del pez durante prolongados periodos de tiempo, podríamos decir que mayores que la propia vida de este, por lo que nunca debemos de estimar que esta enfermedad no se encuentra en el medio, en especial, en animales recién comprados y aún en aclimatación. Cuando el parásito “despierta” tiende a desplazarse hacia la epidermis (al contrario que el Ichthyophthirius que se desplaza por debajo de ella) hasta situarse en mucosas y heridas, generalmente el primer punto de “ataque” son las agallas del animal, donde comienza a alimentarse del tejido de estas y a multiplicarse por mitosis, dando como resultado rápidas infecciones que pasan absolutamente desapercibidas a nuestro ojos, y solo cuando la enfermedad comienza a colonizar otras zonas, generalmente próximas a la cabeza, somos capaces de verla físicamente, por la acumulación de cutícula (mucus) y por un aspecto mate, blanquecino, casi rugoso, cuarteado, del que se ve como, en casos avanzados, comienzan a desprenderse pequeños fragmentos. Además la incomodidad del animal hace que tienda a rascarse contra los diferentes objetos del acuario, dando lugar a pequeñas heridas en algunos casos, que rápidamente son colonizadas por el parásito y que agravan la situación. Sin embargo, durante los primeros estadios de la infestación, aunque el parásito no se muestre y se localice únicamente en la zona posterior al opérculo, algunos signos, como un aumento del ritmo respiratorio (boqueo), una natación lenta y cansada, normalmente cerca de la superficie del agua o tras las plantas, en una zona sombría y algo oscura, pérdida de apetito, un plegamiento de aletas acentuado, etc., nos hacen saber que nos enfrentamos ante un parásito irritante, y por lo tanto nos indican por donde comenzar el tratamiento. En el acuario, lo primero que se debe de hacer es aumentar la temperatura del agua ligeramente por encima de los 30 grados, incluso si fuese posible, y en dependencia directa del umbral de resistencia de nuestras especies, se debería de subir por encima de los 32 grados, dado que este protozoo pierde casi toda su capacidad de división a esa temperatura, y ese parón reproductivo, unido a que se desplaza por zonas más “exteriores” que el Ichthyophthirius , nos hace mucho mas sencillo “el combate”. En los textos en el que se hace referencia a esta enfermedad encontramos multitud de tratamientos de todo tipo, desde baños de sal de 10 minutos de duración a una concentración que varia entre el 1 y el 5%, al uso de Permanganato potásico, verde malaquita, sulfato de cobre, etc., terriblemente dañinos con el medio, aunque no por ello ineficaces en su misión. En mi caso, en importaciones afectadas usaba el método del Dr. Warren E. Burgués, explicado en el “mini atlas de peces de acuario de agua dulce” de la editorial Hispano Europea y que consiste en combinar la disolución de sal al 5% con el complemento de Acriflavina (Tripaflavina), en disoluciones al 10% a razón de 1 ml. por litro de agua del acuario durante un periodo de 48 horas, tras el cual efectuaremos un gran cambio de agua y filtraremos con carbón para retirar todo resto del medicamento. Asimismo, y aunque no estaba indicado en la literatura especializada, yo repetía el tratamiento de dos a tres veces, con intervalos de 24 horas entre ciclos, para asegurarme de su efectividad, y pese a que como en muchas otras enfermedades, los ejemplares maduros resisten mucho mejor el envite tanto del parásito, como del medicamento, si la reacción es rápida y la enfermedad no ha avanzado en exceso es difícil sufrir un número elevado de bajas. Sin embargo, también hay que reconocer, que en animales muy afectados, es casi imposible la cura, pues el daño sufrido, sumado, a la baja capacidad de reacción del sistema inmune del animal, y a la agresividad de los diversos tratamientos, forma un explosivo cóctel que llevan a la muerte del individuo.

Costia

Bueno, estamos ante otro protozoo de aguas dulces de nombre Icthyobodo necatrix, muy similar al causante de otra enfermedad, el Oodinium , y como este, tremendamente común y con un alto grado de difusión, especialmente entre los aficionados a los ciprínidos de aguas frías, que cada primavera, con la adquisición de nuevos ejemplares, suele visitar a más de uno y de dos. A diferencia de la Chilodonella se trata de un flagelado con forma de alubia de pequeñas dimensiones (para hacerse una idea decir que no es visible con microscopio convencional) y que no es demasiado móvil, aunque es capaz de desplazarse formando “espirales” de manera muy rápida, pero con el inconveniente de que en medio libre (agua) no es capaz de subsistir por más de un par de horas. Se fija al cuerpo de su víctima, introduciéndose por debajo de las escamas hasta el nivel de la hipodermis y provocando pequeñas heridas abiertas, pese a la baja vascularización de la zona, por las que se alimenta y de donde saca la energía para la reproducción, llegando a provocar la necrosis de amplias zonas epiteliales. En acuariofilia doméstica es fácil de observarlo, en lagunas y estanques, especialmente al inicio de la primavera, justo después del estado de latencia invernal, y en acuariofilia comercial, piscicultura, y criaderos comerciales es muy común. Se da con cierta frecuencia en medios hacinados, con gran cantidad de individuos, lo que facilita a este “torpe” enemigo, una rápida y certera propagación. Según Amlacher, podemos considerar a la costia como un aliado de la debilidad, presentándose solo en los animales cuando el sistema inmune de estos se encuentran bajo mínimos o cuando las condiciones físico-químicas del agua son malas (tasas altas de productos nitrogenados, metanoles, falta de O2, exceso de MO (materia orgánica) etc.,…). En los primeros días los síntomas típicos de cualquier parásito “irritante”, como son, un aumento del ritmo respiratorio (boqueo), una natación lenta y cansada, normalmente cerca de la superficie del agua o tras las plantas en una zona sombría y algo oscura, pérdida de apetito, un plegamiento de aletas acentuado o una decoloración general nos indican cual serán lo tratamientos a seguir, aunque también es cierto que se pueden dar bajas por este parásito sin que se llegue a hacer visible síntoma alguno. Pero más específicamente, los síntomas propios de esta afección son la aparición de un empañamiento mucoso y blanquecino de las zonas afectadas, a modo de masivas secreciones de cutícula (ojo, no lo son), que pueden acabar en casos más graves con la aparición de pequeñas manchas sanguinolentas, no tan acentuadas como en una septicemia, pero claramente visibles. Esa opacidad blanquecina y aleatoria de diversas partes corporales, que se extienden con rapidez, cubriendo todo el pez, son la marca diferencial de la enfermedad. Al igual que en el caso de la Chilodonella, la invasión de las agallas, aumenta considerablemente el peligro de parásito y aumenta las posibilidades de éxito de este en caso de no ser presurosos en la aplicación de métodos correctivos, especialmente en animales jóvenes o poco aclimatados. Los tratamientos son los mismos que se recomiendan el caso de infecciones por otros protozoos, es decir, aumentar la temperatura del agua ligeramente por encima de los 30 grados o hasta el umbral de resistencia de nuestros peces, el uso de sal a razón de 5 ó 6 gramos por litro de agua en baño o el uso de medicamentos más fuertes como son el permanganato potásico, el verde malaquita, sulfato de cobre etc., o bien el uso combinado de la disolución de sal al 3-4% con el complemento de Acriflavina (Tripaflavina), en disoluciones al 2% a razón de 1 ml. por litro de agua del acuario durante un periodo de 48 horas, tras el cual efectuaremos un gran cambio de agua y filtraremos con carbón para retirar todo resto del medicamento. Ojo, tanto en instalaciones domésticas, como especialmente en grandes instalaciones, se debe de tener en cuenta que como muchos otros protozoos, es capaz de sobrevivir en medio seco durante largos periodos, por lo que una correcta desinfección de los aparejos del acuario es muy importante. Como resumen decir, que el uso de sal y el aumento de temperatura deberían de ser suficientes para frenar cualquier ataque leve de este parásito, sin embargo para evitar males mayores no es malo el uso de un tratamiento completo.

Trichodina (Cyclochaeta)

Enfermedad producida por varias especies de protozoos del género Trichodina como pueden ser el Trichodina acuta, el Trichodina nobilis, el Trichodina dormerguei, o el siempre recurrente Trichodina sp. y al igual que para la costia, la descripción de Amlacher, de que “se trata de un aliado de la debilidad”, es perfectamente aplicable, ¿Por qué?, pues porque es casi irrisorio, el número de casos que se da en animales sanos y ya establecidos en unas buenas condiciones de higiene y en cambio, en casos de medios superpoblados, con tasas bajas de O2, con densidades de MO (materia orgánica) altas y con unas condiciones de salubridad bajas o muy bajas, se reproduce con tremenda rapidez. Se trata en este caso de un “bichito” extremadamente irritante y de movilidad rápida, que se desplaza por la rotación que provoca sobre él mismo el movimiento de sus cilios. Realmente, no es raro encontrar en grandes instalaciones (piscifactorías o criaderos de peces ornamentales), cantidades pequeñas de este protozoo en la piel de un pequeño porcentaje de peces, lo cual no significa que sea un problema. En pequeño número podríamos decir que no causará problema alguno a su huésped, y de hecho, es probable que lo use como medio de transporte, para llegar a su huésped definitivo, a pesar de que en abundancia sea muy irritante, lo que si se podría apreciar en análisis más profundos, son las marcas circulares dejadas por los dentículos que estos usan para anclarse al huésped.

A la hora de identificar correctamente el protozoo, nos encontramos con una incongruencia. Por un lado, si estamos haciendo un análisis exhaustivo de los tejidos al microscopio, la característica forma de campana que presenta nos dirá rápidamente a quien nos enfrentamos, en cambio en análisis visuales, los habituales que todos hacemos, nos encontramos con la problemática de que todos los síntomas que este protozoo puede provocar, son exactamente los mismos que se pueden dar en fases iniciales de afecciones por Costia o por, aunque si es mas diferencial en este caso, Chilodonella, es decir, aumento del ritmo respiratorio (boqueo), una natación lenta y cansada, normalmente cerca de la superficie del agua o tras las plantas en una zona sombría y algo oscura, pérdida de apetito, un plegamiento de aletas acentuado o una decoloración general y la aparición de pequeñas superficies de mucus blanquecino sobre la piel del huésped, que en caso de afecciones graves aumentan rápidamente su superficie.

Nuestra ventaja como acuaristas aficionados, es que no tendremos que efectuar un análisis microscópico para evaluar de manera correcta cual es el género exacto de nuestro enemigo, pues el tratamiento es común al usado en parasitosis por Costia o por Chilodonella, es decir subir la temperatura del medio por encima de los 30-32 grados, dependiendo del umbral de resistencia de nuestros animales, dado que este protozoo, como todos los tratados hasta este momento pierde casi toda su capacidad de división a esa temperatura, y ese parón reproductivo, unido a la acción del al medicación hacen más viable y rápido el tratamiento de curación. En los textos en el que se hace referencia a esta enfermedad encontramos multitud de tratamientos de todo tipo, desde los siempre recurrentes (y afectivos, todo sea dicho de paso) baños de sal de 10-20 minutos de duración a una concentración que varía entre el 1 y el 10% de sal, al uso de los menos aconsejables, aunque no por ello descartables Permanganato potásico, verde malaquita, sulfato de cobre, etc., terriblemente dañinos con el medio, aunque no por ello ineficaces en su misión. La verdad es que al contrario que en los casos anteriores, el uso de Acriflavina no está descrito de manera rigurosa y en cambio, si está descrita la curación con el antes mencionado permanganato potásico en disoluciones al 2% durante dos o tres días en al menos tres ciclos, entre los cuales descansaremos 24 horas filtrando con carbón, o bien tratamientos con verde malaquita. Eso sí, el uso combinado de la medicación, alta temperatura y un 2% de sal en el agua es la mejor de las opciones. Como nota curiosa decir, que en un mismo acuario podemos encontrar especies tremendamente contaminadas y otras sin rastro del patógeno, y además si introducíamos animales nuevos, aquellos cuyas especies ya estaban contaminadas, rápidamente manifestaban la enfermedad, mientras que los otros permanecían sin dar síntoma alguno.

Producidas por Protozoos-Intestinales

Hexamita (Octomitus ¿truttae? ¿Symphysodoni? )

Bueno, la verdad es que da algo de miedo adentrarse en este tema. Son multitud las páginas de acuariofilia donde se trata y donde se le busca explicación, especialmente entre los aficionados a los peces disco, aunque también hay que decir que existe mucho de “místico” y de desconocimiento en las causas, el tratamiento y en los efectos que rodea esta patología. Lo cierto es que nos enfrentamos a una enfermedad relativamente nueva, ¿por qué?, pues porque no fue hasta principios de los 60 cuando se popularizó la cría en cautividad de los magníficos Symphysodom aequifascia y Symphysodom discus, tremendamente propensos a ella. Durante muchos años, se pensó en la Hexamita como un problema de parasitosis intestinal, y no fue hasta pasada una década, cuando se empezó a relacionar esa invasión intestinal con los agujeros que aprecian en algunos individuos o las marcas en la línea lateral y zonas nerviosas anexas de otras. Fijándonos en el título, vemos que no está aun a día de hoy definido cuál es el parásito exacto al que nos enfrentamos. En piscicultura con nivel comercial, si que es conocida, la enfermedad producida en salmónidos por el protozoo conocido como Octomitus truttae y cuyas consecuencias y tratamiento a niveles comerciales, fueron, y a día de hoy todavía son, las referencias a seguir en el tratamiento de la hexamita. Sin embargo estudios mas recientes resuelven que no se trata exactamente de la misma especie de parásito, aunque sí es perteneciente al mismo género, y ha sido bautizado como Octomitus symphysodoni , nombre este con el que nos referiremos a él. La hexamita no es una enfermedad específica de los peces discos, en realidad se trata de una lacra que afecta a varias especies de grandes cíclidos como pueden ser los Uaru amphicanthoides o los Cichlasoma severum.

Los síntomas que presenta esta enfermedad son múltiples y complejos. Múltiples por que el daño y la expansión de este flagelado es tal que afecta a multitud de órganos y complejos por que en el momento que se muestran visibles es ya demasiado tarde como para poder asegurar el éxito de la cura. Se sabe que este protozoario, se asienta en el aparato digestivo de los peces tras ser ingerido con la comida. Como muchos otros Protozoos, puede permanecer latente durante toda la vida de su huésped, o comenzar a reproducirse y a “invadir” el organismo. Particularmente, y es una creencia compartida por muchos propietarios de estos peces, la hexamita es un tanto oportunista, comenzando a atacar el organismo ante una bajada fuerte de defensas de su huésped, ya sea provocada por una situación de stress, una mala alimentación, o un medio inadecuado, tanto en valores químicos como en salubridad. Esta creencia está basada en el hecho comprobado de que una readecuación del medio, redunda en una mejoría del estado del pez y en un retroceso del proceso evolutivo de la enfermedad en casos leves. Pero una vez desencadenada, ¿Cuál es su “modus operandi”?. Análisis exhaustivos de decenas de cadáveres, a lo largo de los años han encontrado acumulaciones de este flagelado en zonas intestinales, vesícula biliar, especialmente en el hígado, páncreas…, y hasta el propio torrente sanguíneo de los animales, lo que da una idea de la dificultad a la que nos enfrentamos, pues es la propia “savia” del animal la que en casos graves se encuentra infestada. Durante las primeras e invisibles fases sólo un acuariófilo metódico y perfectamente conocedor de sus animales es capaz de notar el retraimiento que sufre el animal que empieza a ser víctima del parásito, ¿Por qué?, Pues porque no difieren en casi nada, por no decir en nada, de los que otras enfermedades pueden provocar... Estos animales dejan de ser vistos en los primeros planos de tanque, se acercan más que de costumbre a las zonas oscuras, palidecen (ojo ciertas variedades como los Piggeon, no suelen palidecer nunca), se vuelven más nerviosos y, aquí viene la diferencia, con el paso de los días comienzan a dejar de comer y a adelgazar de manera muy clara, hasta el punto que el animal morirá por inanición. ¿Cuánto tiempo puede durar este proceso?, pues es imposible de determinar, he visto personalmente discos grandes y fuertes, morir tras muchas semanas, en casos incluso meses de lento adelgazamiento, y tras infinitos e infructuosos intentos de detener el ímpetu de la enfermedad. Cuando realmente podemos asegurar que nos enfrentamos a un caso de hexamita grave, es cuando se aprecian pequeñas manchas grasas en los laterales de la cabeza, que con el paso de los días se van convirtiendo en agujeros de dimensión variable que dejan al descubierto el tejido óseo y muscular que se encuentra por debajo de la hipodermis. Estas marcas, son en casos más avanzados aún, visibles en las zonas anexas a la línea lateral del pez, con daños irreparables en las cadenas de neuromastos, y son el anuncio de una curación imposible, pues si hiciésemos una autopsia del animal, veríamos un oscurecimiento de todos los órganos afectados (riñón, hígado, páncreas, corazón…) y la necrosis de grandes cantidades de materia en ellos, dando como resultado, que aunque el medicamento tuviese afecto, el organismo estaría tan débil que rápidamente seria blanco de multitud de enfermedades oportunistas que no tardarían en acabar con el animal. Estas marcas supurantes, que dan paso a agujeros en el cuerpo del animal, se cree que están relacionadas con los daños que el protozoo puede generar en el organismo del pez, ya que se los relaciona con avitaminosis de vitaminas A, C y D. La carencia de Vitamina A está directamente relacionada, entre otras muchas cosas, con la pérdida de consistencia y elasticidad en la piel, lo que da como resultado la aparición gritas y ulceraciones. La vitamina C es fundamental en el correcto desarrollo y funcionamiento del aparato inmune, así como en el desarrollo óseo. Por su parte la vitamina D es fundamental en el proceso que regula la asimilación del Calcio y del Fósforo en el organismo.

Sin embargo, pese a lo negativo de esta enfermedad, si hemos sido capaces de reaccionar a tiempo, y la enfermedad aun no se ha extendido de manera crítica, el tratamiento con Metronidazol , comprado en farmacias bajo el nombre de Flagyl es nuestra única posibilidad. Se deberá por subir la temperatura del agua por encima de los 32º C, incluso se puede llegar a los 34-35º C, la precaución a tener en cuenta es que esas temperaturas, la cantidad de O2 disponible es muchísimo menor que a temperaturas de 26-28º C, además de la que se consume como consecuencia de la actividad del medicamento con lo que deberemos de forzar la aireación lo máximo posible para evitar males mayores. Existen autores que consideran que la subida de temperatura se debe de realizar a un máximo de 1º C por día, para reducir el stress en el animal, sin embargo, el aumento del ritmo metabólico del animal, como consecuencia directa de la subida de T ayuda a mitigar ese problema. Cuando si que se deberá de tener en cuenta esta precaución en a la hora de bajar la temperatura, es sabido que en un medio sano, la bajada de tres o cuatro grados en un día no debe de representar problema alguno, pero tras tratamientos largos y fuertes como en este caso, las defensas estarán bajas, y “un apretón más de la rosca“ , puede hacer que esta se “pase”, e inducir a algún patógeno oportunista, a hacerse protagonista de la situación. Una vez adecuada la temperatura, pasaremos a reducir el Ph del agua hasta valores cercanos al 6.0 en aquellos acuarios que se encuentre por encima por dos motivos. Primero, por que con un metabolismo hiperactivo por el aumento de temperatura, un Ph de 6.0 ayuda al sistema inmune en su personal combate y segundo, por que la actividad protozoaria fuera del pez se ve seriamente comprometida, con lo que reduciremos la posibilidad de contagio, para lo cual deberemos de retirar las heces compactas, tuberosas y blanquecinas que desprenden los discos afectados, para evitar que sean ingeridas por otros individuos del tanque. Una vez adecuados los parámetros Físico-químicos procederemos a medicar con el Metronidazol propiamente dicho. El Flagyl, como ya se ha comentado es un medicamento de venta en farmacia, a día de hoy sin receta médica, que se vende en cápsulas de 250mg. La adicción del medicamento en el agua no es la solución, pues es sabido que la ingesta de agua por parte de los peces es casi nula, sin embargo, si evitará que las fases libres se muevan a sus anchas por el tanque y contaminen de manera efectiva a otros habitantes, por lo que diluiremos uno o dos comprimidos por cada 40-50 litros del agua (250-500 mg por cada 40 ó 50 litros de agua, dependiendo del grado de infección, y solo aplicando dosis fuertes en casos tremendamente severos) en agua caliente, para favorecer su disolución y luego los verteremos al acuario, repartiéndolo por toda la superficie del mismo. Posiblemente esto debamos de hacerlo en varias fases. Repitiendo esto cada 24 horas con renovaciones previas de entre un 40 a un 50% de agua y durante un intervalo de tres días, incluso, yo lo he alargado cinco días en casos “desesperados”, tras los cuales se realizara el oportuno cambio de agua y un parón de 24-48 horas durante las cuales se filtrará con carbón. Ojo recordar, que el carbón es un material excelente para esta actividad pero que también se satura con tremenda rapidez, por lo que una renovación del mismo después de cada filtrado es imprescindible. Este tratamiento se debe de repetir tantas veces como sea necesario hasta que veamos, que los síntomas visuales y las heces de los animales infectados remitan. Simultáneamente, se deberá de mezclar junto al alimento, mejor papillas nutritivas completas ricas en vitaminas A, C y D, 250-500 mg de Metronidazol por cada 100-150 gr de papilla que se dará a comer del orden de 5 ó 6 veces al día en pequeñas dosis, y recogiendo los excedentes de manera rigurosa. En casos muy muy graves de negativa a la ingesta se deberá de proceder al forzado de la alimentación, por parte de un sondado, técnica compleja y delicada que se encuentra perfectamente explicada en la página de Andrés Roca y que conlleva numerosos problemas de stress y daños faríngeos si no se hace con determinación y siguiendo los pasos correctamente, consiguiéndose unos resultados buenos a corto y medio plazo. También están descritos tratamientos curativos a base de Acriflavina (Tripaflavina), o Tinidazol, pero el tratamiento mas extendido es a base de Metronidazol. Una vez descartado cualquier rastro de la enfermedad, solo quedará recuperar los valores de funcionamiento normales del tanque y procurar mejorar aquellos factores que en inicio promovieron la aparición de la hexamita.

Producidas por Protozoos-Intradérmicos

Enfermedad del neón (Plistophora hyphessobryconis)

Bueno, en este caso nos enfrentamos a una de las enfermedades más comunes y también más desconocidas dentro del mundo acuariófilo. Cuando nos acercamos a las baterías de acuarios de las tiendas, no es raro descubrir un grupo de neones Paracheirodon innesi, o cardenales Paracheirodon axelrodi visiblemente afectados por este mal, de hecho, muchas veces se asocia con una mala adaptación, o un tiempo de adaptación insuficiente por parte del comercio, en lugar de por un ataque de protozoos. Nos enfrentamos a un Esporozoo, y solo por eso, ya sabemos que nos enfrentamos a un parásito. Se trata de diminutos “bichitos” unicelulares que se reproducen por esporas y que carecen de flagelos o cilios para moverse. Pese a que el nombre de la enfermedad haga referencia a tan solo una especie, el neón, la realidad es que afecta a multitud de carácidos que se engloban dentro de los géneros, Paracheirodon, Axelrodia, Phoxinopsis, Hyphessobrycon y Hemigrammus y posiblemente otros como Hasemania o Phenacogaster , además, en antiguos textos y libros de acuariofilia, se dice que es capaz de afectar a otros tipos de peces fuera de la familia Characidae como son la Rasbora pauciperforata, o el Brachydanio rerio (al parecer más que común en este), etc., aunque para ser sincero no conozco de ningún caso, ni he encontrado caso alguno bien documentado sobre esto. El nombre de “enfermedad del neón” deriva de que fue en este pequeño carácido donde se describió por primera vez en el año 1941 por Schaperclaus y donde quedó identificada. Tras muchos años de conocimiento y pruebas lo único que podemos decir es que tiene una muy difícil cura y que pese a que compañías especializadas en acuariofilia venden medicamentos para su cura, los resultados reales dependen en gran medida de la cantidad de peces afectados, del estado de la enfermedad y de la higiene con que tratemos el medio. El ataque de este protozoo se produce tras la ingesta por parte del pez de algunas esporas, que una vez dentro del torrente sanguíneo del animal no tardarán en situarse en el tejido muscular del pez, sobre todo en la zona dorsal, a la altura de la línea lateral. El organismo, una vez detectado ese “cuerpo extraño” (espora) y viendo que su propio sistema inmune no es capaz de eliminarlo, opta por aislarlo del entorno por medio de una “red” de tejido conjuntivo, que da forma a eso que luego vemos y denominamos quiste. Estos quistes, denominados antaño Pansporoblastos, es lo que en la actualidad se conoce como vesículas esporuladoras o SPV (sporophorus vesicle), y son los que a ciencia cierta nos van a identificar la enfermedad y nos evitarán errores de diagnosis, pues es fácilmente confundible con afecciones bacterianas de Aeromonas y Pseudomonas. El problema, es que para el correcto diagnóstico de esta afección, es necesario el uso de un microscopio, por lo que a nivel acuariófilo, deberemos de guiarnos de nuestro instinto, y tratar de diferenciar este agente de una simple afección bacteriana, por medio de un meticuloso seguimiento de todos los individuos que habitan en el tanque. Además, en el caso de la Plistophora, es normal que el animal nade en posición oblicua, con la cabeza orientada hacia el fondo del tanque como consecuencia del ataque que este sufre a nivel muscular, lo que nos dará una clave “visible”, para la correcta diagnosis. Una vez asentada la Espora en el organismo animal, podemos decir a grandes rasgos, y saltándonos todo la parafernalia de tecnicismos como “merogonia” o “esporoplasma”, que la espora, libera su contenido, que por su aspecto recuerda a una especie de “ameba” y que colonizará nuevos lugares, tales como hígado, riñones, intestinos, sistema urinario etc., dando lugar a graves infecciones. Por su parte, la infección renal, dará como resultado que el animal expulse a través de la orina, una gran cantidad de esporas que contaminaran el medio, proliferando la enfermedad entre todos los habitantes del tanque. A nivel externo, la plistophora se manifiesta con una decoloración, blanquecina de la capa situada inmediatamente debajo de la piel, dando, en el caso de los neones, la sensación de una interrupción el la banda de color rojo, quedando de un color blanquecino muy característico, además como ya se ha mencionado antes en los casos de afecciones fuertes se puede apreciar a los animales afectados nadando en posición oblicua con la cabeza orientada hacia el fondo del tanque. En primeras fases, resulta muy difícil, por no decir imposible diagnosticar con exactitud esta enfermedad, dado que la sintomatología es la típica de multitud de enfermedades, es decir, retraimiento, los animales se separan del grupo, boqueo, falta de apetito, adelgazamiento, etc., siendo también característico el hecho de que los animales afectados tengan dificultades para dormir. Los neones, todos aquellos que los hayan disfrutado en un tanque, saben que dormitan en posición algo oblicua, detrás de las plantas y muy cerca del fondo del tanque, generalmente entre las plantas, y se ha descubierto que los animales afectados por esta enfermedad, no consiguen este “descanso” y vagan durante todo el tiempo de un lado para otro. El tratamiento de la enfermedad, es complicado, largo, y con una tasa de éxito no demasiado grande. A nivel productivo, se han obtenido éxitos con el uso de Baicox, cuyo elemento base, el Toltrazuril al 2.5%, es el causante del éxito. Haremos baños a razón de 20-25 mg / litro durante 60 a 120 minutos en pequeñas urnas, tras los cuales los animales se deberán de trasladar a otro tanque con la misma dosis de mediación. Este proceso debería de extenderse en el tiempo durante un periodo no inferior a las 72 horas, siendo del todo conveniente extenderlo al menos hasta dos días después de que sea visible la enfermedad. La dificultad que entraña este tratamiento en acuariofilia doméstica, hace que no sea utilizado y que durante mucho tiempo se buscaran tratamientos alternativos sin demasiada eficacia, como son el uso de Verde malaquita, azul de metileno, sulfato de cobre etc. El problema con estos medicamentos “comunes”, es la alta tasa de toxicidad y baja tolerancia que presentan los tetras a ellos, lo que hace que las dosis de medicación deban de ser también bajas, y por lo tanto muy poco, por no decir nada eficaces. Experimentalmente, se sabe de resultados con una mezcla de Metronidazol y Kanamicina a razón de 250 mg de Metronidazol y 1 g de Kanamicina, aunque no podemos afirmar que los tratamientos fuesen hechos sobre diagnosis reales de Plistophora o sobre afecciones bacterianas de similar aspecto. En general, y debido a la escasa o nula existencia de esta enfermedad en los animales provenientes de criaderos, yo lo trataría como si de un fuerte ataque bacteriano se tratase (nifurpirinol, terramicina etc.), que en estos casos nos dará una altísima tasa de supervivencia. En cambio, si erramos diagnóstico y atacamos con Metronidazol, la tasa de éxito será indudablemente menor. En el caso de animales provenientes de captura, sí que es mas fácil que nos encontremos con el problema, pero, debido al estrés del viaje, adaptaciones varias, y radicales cambios de agua es muy probable que en la tienda alguno de los habitantes del tanque ya muestre el síntoma, por lo tanto, en esta enfermedad, más que en ninguna, filtrar correctamente la entrada de animales contaminados, por medio de un buen y detallado examen visual de los individuos a comprar se vuelve imprescindible. Como consejo final, comentar que en caso de tratarlo como una afección bacteriana, se debe de evitar el uso de Penicilina y otros derivados “económicos”, pues es seguro que en criaderos se ha utilizado y tendremos muchos “números” de encontrarnos con cepas resistentes que no complicarán la vida.

Producidas por Protozoos-Sistémicos

Enfermedad de Torneo o Whirling Disease

Se trata de una afección típica de la familia Salmonidae, al igual que la Furunculosis (Aeromonas salmonicida) aunque también se han descrito casos dentro de la familia Cyprinidae, y es de especial relevancia en el cultivo de animales de Piscicultura como la trucha arco iris (Salmo gairdnerii), pues aparece en animales de edad comprendida entre los 3 y 6 meses (la gravedad de la parasitosis disminuye con la edad por la propia osificación natural del pez) y está provocada por el protozoo Myxosoma cerebralis o Myxobolus cerebralis. A nivel acuariófilo su importancia es del todo descartable, pues es inapreciable el número de casos y su repercusión, sin embargo a nivel comercial se trata de una de las peores lacras, aunque depende mucho en función de la especie a la que afecte, pues a día de hoy no se conoce cura efectiva alguna, y las pérdidas que puede llegar a ocasionar bien se pueden cuantificar en un 40-50% de bajas. Se trata de una parasitosis terriblemente impactante con origen Europeo. Fue descubierta por Hofer en 1893 entre una población de trucha Arco iris alemana, aunque su origen quizás nunca se llegue a conocer. Actualmente se encuentra distribuida por 18 países (seguramente ya son más), incluyendo Italia, Rusia, EE.UU. y Nueva Zelanda donde llego con la introducción de animales vivos para la reproducción con fines alimentarios y comerciales. Si bien es cierto que la enfermedad no resulta siempre letal, los peces que estén en fases avanzadas y por lo tanto muy debilitados, tanto inmunológicamente, como por las dificultades al alimentarse, son presa fácil de depredadores o por patógenos oportunistas, por lo que se deberán de prestar más cuidados de los habituales a nuestra población. Sus principales síntomas son la escoliosis (deformaciones en la parte más próxima al pedúnculo caudal), zona de los opérculos, parte inferior de la boca, la aparición de hendiduras en la zona posterior a los ojos que pueden verse acompañadas de casos de Exoftalmia, la apreciación de una coloración oscura, ya en sus primeras fases, de la zona posterior, especialmente sobre la región anal, y especialmente, y por eso el nombre de la enfermedad, de unas rotaciones o “Torneo” del animal (giran formando círculos cerrados), como resultado de la acción del parásito sobre el cartílago que rodea la zona del oído, dando como resultado la pérdida del equilibrio del pez. Ojo, cuando hablamos de “oído”, tendemos a pensar en la capacidad de oír, pero esto se da en vertebrados superiores, en los peces su función principal es la de control del equilibrio. El oído en los peces se encuentra situado a ambos lados del cráneo (ambos lados de la cabeza), de ahí que este órgano sea uno de los primeros en sufrir daños por el parásito, pues el recubrimiento de ciertas partes del laberinto membranoso provoca la pérdida de “sensibilidad” y por lo tanto incapacita zonas que están en contacto con la endolinfa (bruscamente dicho, es una especie de líquido interno que el oído usa a modo de “nivel”) y que provocan esa “desorientación” y pérdida de equilibrio en el pez. Las deformaciones son debidas a la degeneración de la matriz vertebral y a la destrucción de tejido fibro-cartilaginoso (paso anterior a la osificación), lo que provoca la atrofia y deformación del pez. La verdad es que el ciclo de vida de este “bichito”, pese a estar casi totalmente descrito, presenta numerosas lagunas, de ahí los problemas que provoca a diario en piscifactorías, pero se sabe a ciencia cierta que involucra a dos huéspedes, una lombriz tubifex y un pez. Todo comienza cuando un gusano Tubifex tubifex, ingiere una espora del protozoo (Myxospora). Esta pasa a su intestino y tras un desarrollo de unos 3-4 meses empieza a producir otro tipo diferente de espora, la denominada Triactinomyxon. Cuando los diferentes salmónidos ingieren estos gusanos contaminados, automáticamente pasan a ser infectados y el parásito comienza a desplazarse bajo la dermis hasta situarse en las zonas cartilaginosas de las que alimenta y donde empezará a multiplicarse y a producir las Myxosporas del principio del ciclo, que serán liberadas al medio tras la muerte del animal, por descomposición de éste, ingesta directa (depredación de otros peces), o por la heces de otros depredadores (aves, mamíferos etc.…) de donde volverán a pasar al intestino del gusano Tubifex para cerrar el ciclo. Como nota curiosa, decir que estudios con estas esporas han determinado que son tremendamente resistentes a agentes químicos, a los jugos gástricos de otros animales, al frío (hasta -20º C) y algo menos al calor, y que en condiciones normales pueden permanecer latentes en barro por periodos de mas de 20 años. Ah por cierto, ni que decir tiene, que no se le conoce cura conocida, y pese a que en acuarios es casi, sino imposible, que se cierre el ciclo de vida del parásito, sí que nos podemos encontrar con animales infectados y la única terapia de control a usar es la de retirar a todos los salmónidos del tanque, pues es seguro que estarán infectados. Es, pese a todo, bueno aclarar que el Myxosoma/Myxobolus cerebralis no acarrea trastornos ni al hombre ni a los animales domésticos ni siquiera por ingesta, aunque en este caso sí constituirían un medio más de dispersión de las esporas. Ojo, existen otras especies de Myxobolus -como el Myxobolus mülleri- que son, al parecer, causantes de la nodulosis conocida como enfermedad bubónica, pero es aún más rara en acuariofilia y por eso no me detendré a comentarla, pues en acuariofilia doméstica y bajo esos síntomas y ese nombre, la enfermedad que se da es la Henneguya, pero esa es otra historia.


Autor: Ikerka
Fotografias:
Colaboraciones: Juan (Composición, con autorización del Autor)
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